
Comer no siempre es un sano placer. Aunque lo normal es que los alimentos se disfruten, hay actos cotidianos como sentarse a la mesa o compartir una merienda son momentos de crisis para muchas personas.
A estas las alteraciones que se presentan en los hábitos en la alimentación,
se les conoce como trastornos de la conducta alimentaria, y están
clasificados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSM).
Este manual describe que la
anorexia, la bulimia y el trastorno de la conducta alimentaria no especificado
son los únicos que cuentan con la validez científica y diagnóstica para ser
tratados como problemas mentales. Pero
a la gente le suenan familiares conceptos como vigorexia u ortorexia y han sido
motivo de consulta con especialistas. Sin embargo, aunque estos trastornos no están clasificados
en el DSM, quienes lo padecen no están mostrando una conducta normal.
Estos comportamientos pueden obedecer a problemas de autoestima o búsqueda
de identidad. Puede ser una sola de esas o muchas al mismo tiempo. Vale tener
en cuenta que la relación con la comida siempre ha estado cobijada por
conductas humanas, a menudo anormales.
Estos trastornos con frecuencia no desaparecen por sí solos, y dejarlos sin
tratamiento puede acarrear consecuencias
graves.
Usted debe aprender a diferenciar un trastorno de otro. Para ello, debe
prestar atención a las señales que indiquen la presencia de alguno de estos desórdenes.
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